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Bitcoin tal cual semanal · Edición 016

Hay cuentas que se miran y cuentas que se creen

Durante siglos tu saldo fue una frase que te decia otra persona; esta semana Bitcoin ha ensenado la diferencia entre una cifra que se comprueba y una que se cree.

Por Luki · 18 de septiembre de 2026 · Lectura larga · Alba.City · Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Portada de la edición: Hay cuentas que se miran y cuentas que se creen

En algunos bares todavía se apunta lo que debes en una libreta detrás de la barra. Tú no la ves. Al final de la noche te dicen una cifra y pagas.

Casi todo el dinero del mundo funciona así. Tu saldo es una frase que alguien te dice.

Esta semana ha sido, de principio a fin, una clase de contabilidad. No de precio. Cinco historias distintas y una sola pregunta debajo de todas: ¿esta cifra la puedo mirar yo, o me la tengo que creer?

Conviene ponerle nombre, porque va a aparecer muchas veces de aquí en adelante: la cuenta de palabra. Una cifra que existe solo porque la dice quien la custodia. No es mentira necesariamente. Es que no hay manera de saberlo.

La semana ha dado ejemplos de las dos clases. Empecemos por la que sí se puede mirar.

Faltan monedas y nadie ha tenido que confirmarlo

La red Liquid, la cadena lateral que Blockstream levantó junto a Bitcoin, lleva once días con la ventanilla cerrada. Quien tiene L-BTC no puede canjearlos por los bitcoin que deberían respaldarlos, según contó Jamie Redman en Bitcoin.com News.

Aquí está lo interesante. No hemos necesitado preguntarle a la empresa cuánto falta.

Hemos consultado esta madrugada el explorador público de la propia red. Circulan 4.234,76 L-BTC. En la reserva que los respalda hay 3.632,23 bitcoin.

Faltan 602,53 monedas. Unos 40,5 millones de euros al cambio de hoy, aunque la cifra en euros dice menos que la proporción.

De cada siete recibos que circulan en Liquid, uno no tiene bitcoin detrás. Y eso no lo ha anunciado nadie: está publicado y lo comprueba cualquiera desde el sofá.

Adam Back, fundador de Blockstream, ha dicho que la paridad de uno a uno se cubrirá. Puede que sea verdad. Es una cuenta de palabra: no hay fecha, ni importe, ni nombre de quien pone las monedas que faltan.

Fíjate en la asimetría, porque es la lección entera de la semana. El agujero es verificable al segundo. El parche es una promesa. Lo primero vive en la cadena; lo segundo, en una entrevista.

Ilustración editorial en tonos oscuros con acento naranja sobre cuentas que se comprueban y cuentas que se anuncian
La reserva está publicada moneda a moneda. La promesa de reponerla, no.

Un Estado que acepta firmar con sus llaves

El miércoles, en una sala del Congreso estadounidense, pasó algo que habría sonado a broma hace diez años. Una comisión aprobó por 28 votos contra 21 una ley que obliga al Tesoro a demostrar criptográficamente que tiene sus bitcoin, según informó Felix Ng en Cointelegraph.

La sección 6 del texto no pide un informe. Pide una atestación pública, trimestral, firmada con las llaves privadas de la reserva.

Añade además un auditor externo especializado y la vigilancia del Contralor General, el fiscalizador de cuentas del Congreso. Está escrito así en el texto oficial de la ley, no en un resumen de prensa.

Traducido a la vida de cualquiera: el Estado más poderoso del planeta se compromete a hacer lo que hace un vecino cuando enseña la factura en vez de decirte cuánto le costó la obra.

Y hay un párrafo que no regula al Tesoro, sino el terreno donde vives tú. La sección 10 dice que mantener la autocustodia de las llaves privadas es fundamental para la soberanía financiera, la privacidad y la libertad personal en la era digital.

Tu monedero no funciona distinto esta mañana. Lo que cambia es la frase que se podrá citar durante décadas cuando alguien proponga lo contrario.

Ahora el chiste. Esa misma ley, que exige prueba criptográfica trimestral, no sabe cuántas monedas hay que probar.

La cifra que circula por todos los titulares, 324.527 bitcoin, es una estimación de un rastreador privado. Por eso el texto legal da sesenta días a cada agencia federal para contar lo que tiene. Cuando una ley manda inventariar, es que hoy nadie ha inventariado.

La reserva estratégica estadounidense es, a día de hoy, una cuenta de palabra. La diferencia con Liquid es que aquí hay un calendario para dejar de serlo.

Lo que solo sabes cuando alguien decide contártelo

Y luego está la tercera categoría, la peor, donde no hay libreta ni promesa: los datos que otros guardan sobre ti.

El lunes, Swiss Bitcoin Pay, un procesador de pagos con sede en Neuchâtel, apagó sus servidores después de que alguien entrara dentro. Fuera pueden estar los correos de sus clientes, sus direcciones bitcoin, sus números de cuenta bancaria y su historial de operaciones, como contamos el lunes.

Nadie perdió una moneda. Se perdió la separación entre un nombre, un domicilio bancario y un saldo que cualquiera puede consultar.

Esa es la paradoja que casi nunca se explica. La contabilidad pública de Bitcoin, la que permite cazar un agujero de 602 monedas en diez segundos, funciona también en tu contra el día en que alguien le pega tu nombre a una dirección.

El registro era anónimo, no secreto. Deja de ser anónimo por una hoja de cálculo ajena.

No es un caso aislado de esta semana. Trezor, el fabricante checo de monederos físicos, lleva un mes entero dentro de esa película.

Primero se supo que su empresa de envíos conservaba pedidos que debía haber borrado años atrás. Después alguien entró en la plataforma con la que la marca manda sus boletines.

Desde el dominio auténtico del fabricante salió un aviso urgentísimo que pedía teclear las doce palabras, según reconoció la propia compañía. Dos proveedores ajenos comprometidos en un solo verano.

Y el domingo anterior, Revolut admitió haber entregado pasaportes, selfis de verificación e historiales completos a quien escribió desde el buzón auténtico de una agencia pública, como contamos aquí.

Ni una llave privada robada en toda la semana. Ni una.

Pero fíjate en el detalle de contabilidad, porque es el que importa. De esos tres casos te enteraste porque la empresa lo publicó. Swiss Bitcoin Pay todavía no ha dicho cuántos clientes hay afectados. Trezor creía por contrato, y por escrito, que aquellos datos estaban destruidos.

El saldo de tu monedero lo compruebas tú. La lista de quién sabe que lo tienes no la puedes auditar jamás.

Ilustración editorial sobre custodia de llaves y datos personales, en tonos oscuros con acento naranja
Las llaves aguantaron otra semana. Las libretas de terceros, otra vez no.

Cuando la cuenta se puede rehacer, se cae en dos minutos

Hubo una cuarta historia, y esta se desmontó con aritmética de bachillerato.

La Marina y la fiscalía mexicanas levantaron en la sierra de Puebla una nave clandestina con 300 tarjetas gráficas, ocho antenas de satélite y un transformador, según contó Reuters desde Tlaola y recogimos el lunes. Casi todos los titulares dijeron mina de bitcoin.

Con tarjetas gráficas no se mina bitcoin desde 2013. La red la sostienen máquinas fabricadas para repetir una sola operación, y la diferencia con una tarjeta gráfica es la que hay entre la batidora de tu cocina y la amasadora de una panadería. Las dos giran. Solo una saca doscientos kilos de masa al día.

Nadie tuvo que filtrar nada para saberlo. La dificultad de minado es pública, el rendimiento de esos aparatos también, y con las dos cifras delante el titular se cae solo.

Eso no absuelve al taller de Puebla, que probablemente robaba luz para blanquear dinero. Solo cambia de qué estábamos hablando.

El mismo vicio aparece con la cifra grande del año. Las direcciones ligadas a actividad ilícita recibieron al menos 154.000 millones de dólares en 2025, según el informe anual de delito de Chainalysis. La propia firma añade que eso es menos del 1 % de todo el movimiento medido.

El titular se queda el numerador y tira el denominador. Es el truco más viejo del oficio.

Tus tres cuentas, y cuáles puedes comprobar

Mover fondos sigue costando esta mañana lo mínimo que el sistema permite. Semana barata para poner las cuentas en orden.

  • Tu saldo: se comprueba. Copia tu dirección en un explorador público y míralo tú. Nadie puede apagarte esa verificación.
  • Mejor todavía, compruébalo contra tu propio nodo. Entonces ni el explorador tiene que caerte bien.
  • Lo que guardas en una casa de cambio, en una cadena lateral o en cualquier recibo respaldado: eso no es tu saldo. Es la cuenta de otro, y solo la puedes creer.
  • Pregúntate por cada servicio que uses quién pone las monedas si un día faltan. Si no encuentras la respuesta por escrito, ya la tienes.
  • La lista de quién sabe cuánto tienes no se puede auditar. Se puede acortar: un correo aparte para comprar material, envíos a punto de recogida y cero presumir.
  • Ningún fabricante te pedirá jamás las doce palabras. Ni por correo, ni por teléfono, ni en una actualización crítica. Si te las piden, es el robo.
  • Todo aviso urgente de seguridad se trata como falso hasta que lo encuentres tú en la web oficial, escribiendo la dirección a mano.
  • Alba.City no te pedirá nunca tu frase semilla, tus llaves, un código de verificación ni un pago con prisa.

Si empiezas ahora, el orden está contado con calma en la guía de la primera compra, y las trampas más repetidas en la de seguridad frente a estafas. Sirve igual si lo tuyo es una billetera de móvil con cincuenta euros dentro.

Arriba se votaba; abajo se contaba

El precio hizo lo de siempre, que es reaccionar a lo que se anuncia. El martes el Senado estadounidense tumbó la ley Clarity en votación de trámite, por cincuenta votos contra cuarenta y nueve, según Bitcoin Magazine, y Bitcoin cayó hasta los 75.038 dólares.

Esa ley repartía competencias entre los dos supervisores estadounidenses y decidía qué monedas digitales son un valor. Bitcoin nunca estuvo en esa duda: los dos organismos llevan años tratándolo como materia prima, igual que el trigo.

El miércoles la Reserva Federal subió los tipos un cuarto de punto, hasta la banda del 3,75 al 4 %, por unanimidad, y avisó en su comunicado de que la inflación sigue alta. Bitcoin lo encajó sin sobresaltos y se cambia esta madrugada a 77.319 dólares, unos 67.300 euros, un 1,3 % arriba en el día.

Detrás de todo eso hay una cifra que se mueve despacio y pesa más que cualquier votación: la deuda pública de medio mundo paga hoy como no pagaba desde hace décadas, según los datos que recogió William Suberg en Cointelegraph. Prestarle dinero al Estado vuelve a rentar bien, y cada euro que se va a un bono seguro es un euro que no entra en Bitcoin.

Una votación mueve el precio un día. Una curva de tipos lo mueve un año.

Debajo, mientras se contaban votos, la red iba contando bloques. Esta madrugada va por el 967.496 y el próximo ajuste de dificultad apunta a subir un 3,4 %, según mempool.space.

Y la potencia de cálculo también se cuenta sola, sin comunicados. En Etiopía la eléctrica estatal ha dejado a los mineros con menos de una cuarta parte de la electricidad contratada por la sequía en los embalses, según los datos de Bloomberg recogidos por Ezra Reguerra en Cointelegraph. La minería se marcha donde falta energía y aparece donde sobra, igual que una fábrica busca suelo barato.

Ninguna de esas tres cifras necesitó una rueda de prensa. Se publican solas cada diez minutos.

La diferencia que se nota cuando algo sale mal

Repasa la semana y ordénala por quién te tiene que dar permiso para saber la verdad.

En Liquid el agujero se vio antes de que nadie lo admitiera. En la sierra de Puebla el titular se cayó con aritmética pública. En la cadena de Bitcoin los bloques se contaron delante de todos, once días seguidos, mientras el resto discutía.

En las filtraciones te enteraste cuando la empresa quiso. En la reserva estadounidense la cifra sigue siendo una estimación. En la promesa de reponer las monedas de Liquid hay una intención y ninguna fecha.

Las dos listas hablan de dinero. Solo en una puedes comprobar tú lo que te dicen.

Por eso la autocustodia no va de desconfiar de todo el mundo, que es agotador y además imposible. Va de reducir el número de cifras que tienes que creerte a ciegas. Cada llave que guardas tú es una cuenta de palabra menos en tu vida.

No es una postura moral. Es contabilidad.

En el bar de abajo la libreta sigue detrás de la barra, y seguirá. En casi todos los sitios donde guardas dinero hay una libreta parecida, escrita por alguien que no eres tú.

Bitcoin es el primer lugar donde te dejan leerla.