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Albaldía · 4 octubre 2026

Trezor explica las tres estafas de 2026 que piden tu frase semilla

Ninguna actualización, ningún parche de seguridad y ningún soporte técnico necesitan tu frase semilla, recuerda Lucien Bourdon, analista de Trezor: este año, tres trampas distintas han acabado en la misma pantalla.

Por Luki · Alba.City · Publicado el 4 de octubre de 2026 · Actualizado el 4 de octubre de 2026

El técnico que viene a revisar la caldera nunca te pide una copia de la llave del portal. Si te la pidiera, no le abrirías.

Con el dinero pasa lo mismo, y aun así la trampa funciona, porque las doce palabras de tu monedero, o billetera, sirven para una sola cosa: recuperarlo. Quien te las pide para otra cosa te está robando.

Casi todo el mundo cree que eso ya lo sabe. No basta.

Bourdon lo explica en una entrevista con U.Today publicada el viernes: casi nadie dictaría sus palabras por teléfono ni las pegaría en un correo. Lo que engancha es una aplicación falsa que llega con un motivo creíble y con prisa.

Tres disfraces, una sola pantalla

En febrero llegaron cartas impresas con el membrete de fabricantes de monederos físicos, anunciando un plazo de verificación inventado y con un código QR. El código abría una copia de la pantalla de recuperación, con casillas para 12, 20 o 24 palabras.

En abril, una copia de Ledger Live se coló en la tienda de aplicaciones de Apple para Mac, y unas 50 personas la instalaron y escribieron sus palabras. Se esfumaron unos 9,5 millones de dólares antes de que Apple la retirase.

Salen a unos 190.000 dólares por cabeza. Para muchos, los ahorros de media vida perdidos en lo que se tarda en escribir doce palabras.

En agosto, quien buscaba un monedero Trezor en Google y pinchaba el primer resultado patrocinado aterrizaba en un Trezor Suite falso montado en Google Sites. Parecía el de siempre. Una sola dirección de los ladrones recibió unos 24 bitcoin en unos 80 ingresos.

Al precio de hoy son unos 1,8 millones de euros. Cada ingreso equivale de media a un coche nuevo, unos 22.600 euros, entregado por alguien que creía instalar su programa de siempre.

Bourdon dice que no hay indicios de que detrás esté la misma gente. Cambia el disfraz, pero la última pantalla es siempre igual: casillas numeradas esperando tus palabras.

Por qué el aspecto ya no te salva

Durante años el consejo fue fijarse bien: el logo borroso, la falta de ortografía, la dirección rara. Ese consejo se ha quedado corto porque, según Bourdon, la inteligencia artificial ha abaratado las copias convincentes, y ahora hay más y con menos errores.

Hay algo peor. Si tu ordenador está infectado, un programa malicioso puede pintar una ventana falsa dentro de la aplicación auténtica. Lo que ves no prueba nada.

Septiembre añadió otra vuelta de tuerca. Un intruso entró en Brevo, la plataforma que Trezor usa para sus boletines, y mandó un falso aviso de seguridad desde el dominio real de la marca, como contamos entonces.

Según el comunicado de Trezor, el correo llegó a unas 347.000 direcciones. El remitente era auténtico. Unas 2.500 personas pincharon el enlace antes de que la empresa tumbara la página falsa, en unos 20 minutos.

El cebo era un fallo inventado en el chip de los aparatos. Sonaba creíble porque semanas antes Coldcard sí había tenido uno real, con semillas débiles, que explicamos en esta guía.

La regla que cabe en un pósit

Bourdon lo reduce a una idea: con un monedero físico, las palabras solo se escriben en el propio aparato, con sus botones o su pantalla. Nunca en el ordenador, nunca en el móvil.

Por eso la alarma es tan simple. Si el ordenador o el móvil te piden las palabras de tu monedero físico, es una estafa. Aunque la pantalla parezca la oficial.

Con un monedero de programa, de los que viven en el teléfono, hay un matiz, porque ahí recuperar sí exige teclear las palabras en el propio móvil. Esa pantalla puede ser auténtica, pero solo si la has buscado tú.

Esa es la segunda mitad de la regla: la recuperación siempre empieza por ti. Has perdido el aparato o has comprado otro, y vas tú al cajón a por las palabras. Ninguna actualización las necesita, tampoco un parche de seguridad.

Si te llega un aviso que te inquieta, no uses su enlace ni su teléfono, y escribe tú la dirección del fabricante en el navegador. Según Bourdon, el soporte de Trezor nunca contacta primero.

Si ya escribiste las palabras en algún sitio, dalas por quemadas. Trezor recomienda crear un monedero nuevo y mover todo de inmediato, antes de que lo haga otro. Nuestra guía de seguridad lo cuenta paso a paso.

Queda mucho sin contar. Nadie ha publicado cuánto se llevó en total la página falsa de agosto, ni si esos anuncios siguen saliendo. Trezor tampoco ha informado de robos confirmados por el correo de septiembre.

El robo de Bitget ya tiene firma

Chainalysis, la empresa que rastrea movimientos en la cadena, atribuye a Corea del Norte el robo de 387 millones de dólares a Bitget, según Decrypt. Con ese golpe, lo robado por grupos norcoreanos este año supera los 1.000 millones.

Parte del botín salió en XRP y se cambió por bitcoin a través de un servicio entre cadenas, y hoy espera en direcciones vigiladas. Es la otra cara de una cadena pública: el dinero robado se ve moverse.

El precio amanece el domingo en 84.790 dólares, unos 75.322 euros según CoinGecko. Viene del mejor tercer trimestre desde 2017: un 42,71 % de subida según CoinGlass, con 6.340 millones netos entrando en los ETF, recoge Cointelegraph.

Cada 100 dólares de julio valían casi 143 al cerrar septiembre. Para quien compró y no tocó nada, fue el mejor verano en nueve años.

En los futuros, los fondos apalancados recortaron sus apuestas a la baja en unos 5.300 bitcoin en la semana al 29 de septiembre. Son datos de la CFTC, el regulador de derivados de Estados Unidos, que analiza CryptoSlate.

Pero el total de contratos abiertos cayó un 13,31 %. Hay menos gente apostando en contra, y también menos gente apostando. Es un mercado que recoge cuerda, no uno que tira de ella.

En la superficie, Bitcoin cerró la semana sin sobresaltos. Debajo, el robo más rentable sigue siendo el más antiguo: alguien con buena pinta que pide la llave del portal. El técnico de la caldera no la necesita. Tu monedero, tampoco.

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