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Albaldía · 11 septiembre 2026

Un concurso abarata un 86 % el ataque cuántico a Bitcoin

Más de cien participantes trabajando con agentes de inteligencia artificial han recortado un 86 % el coste teórico de la pieza central de un ataque cuántico a Bitcoin, según el registro público del concurso ECDSA.Fail.

Por Luki · Alba.City · Publicado el 11 de septiembre de 2026 · Actualizado el 11 de septiembre de 2026

La cerradura de Bitcoin sigue cerrada.

Nadie la ha abierto esta semana, ni se ha acercado. Lo que ha cambiado es el presupuesto del ladrón que algún día querrá intentarlo.

Y ha cambiado mucho.

El concurso ECDSA.Fail, abierto por Eigen Labs en mayo, pedía una sola cosa. Construir el circuito cuántico más barato capaz de sumar dos puntos sobre secp256k1, la curva matemática que valida las firmas de Bitcoin.

Esa suma es el ladrillo con el que se levanta todo el edificio del ataque. Un intento real tendría que repetirla miles de veces seguidas, así que cada gramo que se le quita al ladrillo adelgaza la casa entera.

El ladrillo que se repite un millón de veces

El marcador del concurso era público y muy difícil de engañar por diseño. Cada circuito se validaba contra 9.024 casos de prueba distintos y luego se puntuaba multiplicando dos cosas: las operaciones caras que necesita y los qubits que debe mantener vivos a la vez.

El circuito de partida arrancaba en esa medida con 10.750 millones de puntos. El 26 de julio, el mejor diseño enviado al concurso ya bajaba hasta los 1.496 millones.

Traducido: el plano de la máquina ha encogido siete veces en dos meses. La máquina sigue sin existir.

El diseño ganador necesita 1.151 qubits lógicos y alrededor de 1,3 millones de esas operaciones caras de las que mide el marcador. Otro trabajo posterior consiguió bajar ese recuento de operaciones por debajo del millón.

Conviene entender qué es un qubit lógico, porque ahí está toda la distancia que queda. No es una pieza que se compre suelta.

Es más parecido a una bombilla que solo alumbra si detrás tiene un cuadro eléctrico entero corrigiéndole los fallos a cada instante. Se fabrica juntando muchos qubits físicos frágiles y tapando sus errores sin parar.

La comparación con el hardware real que se vende da la medida. IonQ presentó el martes su Superion 256, con entregas previstas para 2027. Son 256 qubits físicos.

El trabajo lo firman investigadores de Trail of Bits, StarkWare, Eigen Labs, Theta Labs, MultiVM Labs y la Fundación Ethereum, y lo publicó primero Decrypt. Ellos mismos ponen los límites.

Las pruebas verificaron que el circuito calcula bien. No rompieron ninguna llave privada de nadie, y el marcador deja deliberadamente fuera el coste del hardware que haría falta para montar el ataque completo.

Tampoco es comparable de forma limpia con la referencia que Google publicó en marzo, porque cada equipo cuenta con criterios distintos. Sale por debajo, pero con asterisco.

Falta lo más importante y nadie lo ha publicado: cuántos qubits físicos exige uno de esos 1.151 lógicos con la tecnología de hoy. Sin ese número, la fecha del ataque no se puede estimar. Nadie la sabe.

Lo que sí hay es un calendario oficial. El borrador NIST IR 8547, del instituto de normas estadounidense, propone retirar la criptografía clásica de clave pública a partir de 2030 y prohibirla en 2035.

Eso son nueve años de margen para una migración que ya tiene sustitutos aprobados. No es una alarma. Es una obra programada. Con fecha de entrega.

El ataque que sí llegó esta semana

Mientras el ladrillo cuántico encogía en un servidor, a miles de personas les entró un correo en la bandeja de entrada.

Venía de un dominio auténtico de Trezor, el fabricante de monederos físicos, y avisaba de un fallo de hardware que dejaría al descubierto la frase semilla del usuario. Era mentira. El correo era el ataque.

La empresa explicó el miércoles que los atacantes entraron en su proveedor externo de correo, no en sus monederos. El aparato no tenía ningún fallo; el anzuelo era decir que sí.

Es el segundo proveedor ajeno que acaba comprometiendo a sus clientes este verano, después de la brecha sufrida el mes pasado por la empresa de envíos ShipMonk.

El eslabón débil casi nunca es el aparato.

Fíjate bien en la secuencia, porque se repite exactamente igual una y otra vez. Primero un miedo técnico que suena creíble, luego un correo urgente, y al final alguien tecleando sus doce palabras en una web cualquiera.

Ningún fabricante pide nunca la frase semilla por correo. Esa regla no tiene excepciones, ni siquiera cuando el remitente parece legítimo, porque el remitente puede serlo. Ninguna excepción.

Y aquí está el vínculo con lo cuántico. Cuanto más se hable de criptografía rota, mejor funciona el correo que promete arreglarla.

Quien tenga sus bitcoin en un monedero propio no necesita hacer nada hoy por lo de los qubits. Sí necesita mirar dos veces los correos que le meten prisa, y nuestra guía de seguridad repasa las trampas más repetidas. Lo mismo vale para una billetera de móvil.

El mercado, mientras, iba a lo suyo y no era buen día. Bitcoin se cambia esta madrugada a 76.936 dólares, unos 66.258 euros, un 1,4 % abajo en la jornada según CoinGecko.

El índice de precios industriales de agosto salió al 5,4 % anual en Estados Unidos, una décima por encima de lo esperado. El bono a treinta años tocó el 5,353 %, máximo desde junio de 2007.

El crudo estadounidense pasó de 100 dólares por primera vez desde mayo, según recopiló Cointelegraph. El mercado da ya un 69,8 % de probabilidad a una subida de tipos el día 16, frente al 61,2 % de la víspera.

Debajo de todo eso, la cadena iba por el bloque 966.434 y encaraba un ajuste de dificultad al alza del 2,4 %. La misma curva de siempre, defendida por la misma potencia de cálculo.

Esa curva aguantó otro día. La cerradura que se rompe nunca es la de la criptografía: es la de casa, y se abre desde dentro.

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