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Albaldía · 29 julio 2026

Un falso monedero de la App Store se lleva 1,8 millones en bitcoin

Tres tenedores de bitcoin demandaron el 24 de julio a Apple ante un tribunal de California: perdieron 1,8 millones de dólares tras descargar de la App Store copias falsas de Sparrow, un programa que no tiene versión para móvil.

En un edificio con portero uno se fía. Si el portero deja pasar a alguien, será que puede pasar.

La tienda de aplicaciones de Apple lleva años vendiéndose como ese portero. Revisa, filtra y decide qué entra en tu teléfono, y por eso no te deja instalar nada por tu cuenta.

Tres personas cuentan ahora que el portero saludó al ladrón. Bajaron de ahí un monedero de Bitcoin falso, escribieron sus doce palabras y perdieron 1,8 millones de dólares, cerca de 1,6 millones de euros.

La demanda se presentó el 24 de julio en California y puede leerse entera. Las tres copias imitaban a Sparrow, el programa de escritorio del desarrollador Craig Raw.

Sparrow solo existe para ordenador. Nunca ha tenido versión para iPhone. Ninguna.

Jalen Delgado picó en mayo de 2025 y perdió algo más de un bitcoin, unos 120.000 dólares de entonces. James Ramirez perdió 7,4 bitcoin, unos 875.000, el 25 de julio de ese año.

Ramirez avisó a Apple ese mismo día. Nueve días después, Christopher Ellis se bajó otra copia, tecleó sus palabras de recuperación y se quedó sin unos 840.000 dólares.

Ahí está el nudo del caso, según el relato de la demanda. Cuando Ellis picó, la compañía ya tenía encima de la mesa un aviso con nombre, aplicación y cantidad robada.

El aviso llevaba dos años en el buzón

Raw venía denunciando imitaciones desde principios de 2024, y detectarlas era barato: bastaba con saber que Sparrow no existe para móvil.

El mes pasado, Raw intentó publicar en la tienda una ficha que avisara justo de eso. Apple le contestó que su aviso podía ser engañoso y le amenazó con cerrarle la cuenta, antes de rectificar.

El desarrollador legítimo lo tuvo más difícil para entrar en la tienda que los impostores. Léelo otra vez.

Apple sostiene que retiró las aplicaciones fraudulentas y cerró las cuentas de quienes las publicaron, y recuerda que existen canales abiertos para denunciar cualquier otra.

Veintiséis imitaciones y un músico sin sus monedas

El caso de Sparrow no es una rareza. Kaspersky identificó en abril veintiséis aplicaciones que suplantaban a marcas conocidas de monederos dentro del ecosistema de Apple, activas desde el otoño de 2025.

Varias ni siquiera robaban desde la tienda. Llevaban al usuario a una página clonada y le convencían de instalar un perfil de desarrollador. Por esa puerta de servicio colaban la versión manipulada.

En abril, el músico estadounidense Garrett Dutton contó que perdió 5,9 bitcoin, unos 424.000 dólares, al escribir su frase semilla en una aplicación que imitaba a un fabricante de monederos físicos. El ahorro de una vida, tecleado en menos de un minuto.

No hay banco al que llamar.

Ninguna aplicación legítima te pide tus doce palabras para verificar nada. Ni la de tu monedero físico, ni la billetera del móvil, ni el soporte de nadie: quien las pide, se lleva las monedas.

Lo que aún no se sabe es si un tribunal considerará responsable a Apple. Los demandantes piden una indemnización y que la compañía publique cómo detecta las falsificaciones, pero no hay resolución ni fecha de vista.

Fuera del juzgado, el día

Bitcoin cerró el martes en 63.632 dólares, unos 55.874 euros, con un mínimo de 62.784 en la sesión, según Kraken. Un 2 % menos en un día.

El motivo no está en el juzgado, sino en Washington. Las apuestas de Polymarket dan un 35 % a que la ley Clarity, el marco regulatorio que ordenaría el sector en Estados Unidos, se firme este año.

Mientras el Congreso se atasca, la calle avanza. Emirates acepta desde ayer pagos en bitcoin para comprar billetes de avión, de momento solo para residentes en Emiratos y facturados en dírhams.

En la superficie, un recorte del 2 % y un vuelo que ya se paga con bitcoin. Debajo, tres personas que hicieron lo que se les pide —bajar solo de la tienda oficial— y se quedaron sin nada. El portero les saludó al ladrón por su nombre.

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