Por qué Bitcoin no se mueve de 65.000: el mercado está vacío
Todo julio, cada vez que alguien preguntaba por qué no pasaba nada, la respuesta era la misma. Los contratos.
Unas 19.000 opciones sobre Bitcoin, con un valor nominal cercano a los 1.200 millones de dólares, vencieron el viernes en Deribit, la plataforma que concentra la mayor parte de este mercado. El precio hizo lo mismo que el viernes anterior: nada.
El número que todo el mundo cita se llama máximo dolor. Es el precio al que quienes vendieron esos contratos pagarían menos al liquidarlos. Suena a fuerza gravitatoria. No lo es.
Piénsalo como la quiniela del bar. Saber en qué resultado ha apostado más gente no cambia el partido. Solo te dice quién estará contento el domingo.
Los datos lo enseñan bien. El viernes 17 el máximo dolor estaba en 63.000 dólares y Bitcoin se fue hacia arriba, cerca de los 65.400. El viernes 24 estaba en 64.500 y el precio cerró por debajo, en 64.140.
Dos vencimientos idénticos, dos resultados opuestos, ninguna gravedad visible. La periodista Andjela Radmilac lo resume en su análisis para CryptoSlate: la buena excusa se ha quedado sin carretera.
Lo que sí se ve cuando miras la cinta
El índice que compara el precio de Bitcoin en Coinbase con el de las plataformas de fuera de Estados Unidos cayó el viernes a un descuento del 0,088 %, el mayor desde el 16 de julio. Dicho en claro: el comprador estadounidense se apartó del mostrador.
A la vez, las apuestas alcistas hechas con dinero prestado se cerraron a la fuerza por 45,9 millones de dólares, frente a 7,4 millones del lado contrario. Seis a uno. Eso no es una avalancha de vendedores. Es que enfrente no había casi nadie sujetando el precio.
Los ETF estadounidenses acompañaron. El jueves soltaron 225,2 millones y cortaron siete sesiones seguidas de compras que habían sumado casi mil millones. Aun así la semana cerró en positivo, con unos 274 millones netos. Un frenazo, no un portazo.
La apuesta de 2.500 millones que caduca el viernes
En el tablero de Deribit hay cerca de 5.000 millones de dólares esperando en los niveles de 70.000 y 72.000 para el vencimiento mensual del 31 de julio. Es casi la quinta parte de todo lo que tiene abierto la plataforma en opciones sobre Bitcoin.
Una sola operación explica buena parte. Alguien compró 20.000 opciones de compra a 70.000 y vendió otras 20.000 a 72.000, según contó Jean-David Péquignot, director comercial de Deribit. Unos 2.500 millones de valor nominal repartidos entre las dos patas.
Para que ese boleto pague, Bitcoin tiene que subir cerca de un 9 % en seis días. La propia casa calcula un 14,5 % de probabilidad de que el precio llegue siquiera a rozar los 70.000 dentro de julio, y un 4,1 % para los 72.000.
Alguien puso mucho dinero en algo que el mercado ve menos probable que sacar un seis en el dado.
Y la fecha no es casual: llega dos días después de que hable la Reserva Federal. El comité se reúne el 28 y el 29 de julio, esta vez sin cuadro de previsiones económicas. Todo el peso lo lleva cómo esté redactado el comunicado.
Los tipos llevan cuatro reuniones seguidas entre el 3,50 % y el 3,75 %, y la gobernadora Lisa Cook ha apuntado a una inflación del 3,7 %. Los futuros dan alrededor de una posibilidad entre tres a una subida de un cuarto de punto, mientras que una bajada no la espera prácticamente nadie.
Ese cuarto de punto no es una abstracción. Encarece la hipoteca de alguien y, sobre todo, hace más apetecible el bono aburrido del banco. Cada euro que se va a ese bono es un euro que no entra aquí.
Debajo, las monedas viejas llevan meses quietas
El movimiento de bitcoin dormidos cayó en el segundo trimestre a su nivel más bajo desde el tercer trimestre de 2022. Lo publica Alex Thorn, responsable de investigación de Galaxy, y lo recoge Cointelegraph. Los días-moneda destruidos, la medida que pondera más las monedas antiguas, bajaron en paralelo.
Thorn atribuye los picos anteriores a veteranos recogiendo beneficios, el mismo patrón que se vio en 2017, y el dato de ahora dice justo lo contrario. Los que compraron hace años han dejado de vender.
Traducido a algo que se pueda tocar: el cajón donde alguien guardó unas monedas en 2013 lleva meses sin abrirse.
La tesorería más grande del mundo cuenta una versión parecida. Michael Saylor, presidente ejecutivo de Strategy, encadena cuatro semanas sin comprar y el domingo volvió a publicar su gráfico con el mensaje «vamos a necesitar otro color».
La compañía tiene 843.775 bitcoin comprados a 75.476 dólares de media, unos 9.300 millones por debajo de lo que pagó. Su última compra confirmada fueron 520 monedas, en junio.
Lo que aún no se sabe es si ese silencio es prudencia o falta de munición. Strategy no ha explicado por qué lleva cuatro archivos consecutivos sin declarar compras, y el último mostró 263,5 millones en venta de acciones destinados a engordar su reserva en dólares. Cuando lo aclare, lo contaremos.
Al margen del gráfico, una lección que no cambia. La firma de pagos singapurense Triple-A ha visto vaciarse sus monederos conectados a internet por unos 11,8 millones de dólares. El investigador Specter avisó el domingo de que los depósitos nuevos seguían entrando y desapareciendo treinta y una horas después del primer aviso.
Bitcoin figura ahora entre las redes afectadas. Un monedero conectado es la caja del mostrador, no la caja fuerte: sirve para operar rápido y por eso está expuesto. Quien tenía el dinero ahí no tenía bitcoin, tenía la promesa de una empresa.
Lo aburrido —tus monedas en tu billetera, con tus llaves, sin intermediario— sigue sin fallar. En Alba.City nunca te pediremos tu frase semilla, tus llaves ni un pago urgente para recuperar nada.
Así que la muralla ya no está y el precio sigue igual. Bitcoin ronda los 65.100 dólares, unos 57.100 euros. Arriba no se mueve porque no hay casi nadie moviéndolo. Abajo, las monedas más viejas llevan meses sin salir del cajón. Un mercado vacío no es un mercado roto: es un mercado esperando a que alguien entre por la puerta.